Publicado en Cuentos y Relatos

Buenaventura


 

      La noche era algo fresca, sin embargo una gota de sudor recorría mi sien, estaba en aquella avenida llena de baches con mi motocicleta, recuerdo pensar que llegar de noche a la playa a ver la luz de la luna llena de Octubre sería lo  máximo, tenia en mente solo salir de paseo aquel sábado, sin embargo a un lado de la  playa se erigía una pequeña feria, después de todo el pintoresco pueblo donde vivía no tenia suficientes novedades, al final de aquella pequeña feria donde los niños les pedían a sus padres comprar algodón de azúcar mientras otros estaban en el carrusel.

Mi interés sobre la playa decreció cuando me di cuenta de que las luces de la feria solo opacaban la de aquella luz de luna, a lo lejos oí una voz familiar, mi prima Violeta y algunos amigos estaba de paseo ahí, nunca supe si fui  por voluntad propia o para evitar enojarme por mi velada arruinada.

Violeta era una chica cuya alegría por la vida era mucha, demasiada para mi, pero estaba bien, durante algún tiempo deambulamos por

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los juegos mecánicos, no tuve más opción que dejar la motocicleta en el estacionamiento municipal, mi mayor preocupación era volver temprano; craso error, al final de la feria había una enorme pista de baile, donde unas chicas de pantalón vaquero y camisas a cuadros rojos y azules ofrecían un show estilo Country, bastante vistoso para la gran mayoría, pero no para mí, Violeta casi me arrastró para ir cerca de donde las 4 chicas estaba, una de facciones asiáticas y de estatura elevada creo que medía 1:85 bastante impresionante, la otra rubia, parecía una texana experta en aquel baile tan llamativo, algo parecido a espectáculos grandes, una realidad casi ajena a mi pueblo donde aquellos espectáculos eran casi inexistentes, solo alcancé a ver a la tercera chica esta, mas cercana a ser la jefa de ellas pues denotaba mayor maestría a la hora de marcar los pasos que sus compañeras seguían, posiblemente era la jefa de ellas.

Sin embargo la cuarta chica no la alcancé a ver, algo que a esas alturas no era mi prioridad, pues denotaba aun más frustración de ver mi encuentro con la luna convertido en un show donde los gritos y la alegría eran lo que inundaba el ambiente, empero yo no estaba ahí, solo de forma física,  Violeta sabía que hacía un mes atrás mi vida había cambiado en mucho, la pérdida de muchas cosas en la vida habían endurecido mi vida; era algo que mi prima de grandes ojos color violeta (de ahí su nombre) tuviera una feliz idea.

Aun tenia la intensión de huir de ahí, de aquella multitud e ir a la plaza tranquila del centro de mi población, pero algo había de cambiar mi vida; allá a lo lejos una chica de larga y colorida falda, sombrero texano, labios color rojo que enmarcaban su cara con su tez clara y unas largas trenzas color azabache mostraba interés por sacar a alguien a bailar, pero nadie se decidía no sé si por falta de seguridad o del miedo escénico; sí, en efecto era la cuarta chica que no había visto, todo atisbo de aburrimiento en mi quedó eclipsado, su sola presencia iluminaba todo a su alrededor, no era la líder, pero era quien me sacaría de mi ostracismo y también a bailar, ahí con la playa y todo aquel que estuviera ahí de testigo, me acoplé al baile de Buenaventura, sí su nombre era Buenaventura, tan raro como especial.

Jamás había destacado en baile, menos en algo que pareciera sacado de la canción “Payaso de rodeo”  pues nunca me coordinaba, sin embargo Buenaventura era especial, con el paso del tiempo en donde olvidé a mi prima Violeta y sus fastidiosos amigos, decidí pedirle a Buenaventura que saliera conmigo, arriesgado plan hecho en 30 segundos; tenia mucho que perder pero nada más con ver sus ojos pardos asentir positivamente, mi júbilo fue más evidente que lo que hubiera querido, sin embargo estar en medio de un escenario repleto de luces con música, hizo que poca o nadie más bien se diera cuenta de que Buenaventura era la chica que tanto había buscado y nunca encontrado.

Hoy que les cuento la historia de Buenaventura puedo decir que fueron días maravillosos una vez empezamos a conocernos, sabía que esta mujer de larga cabellera negra y de unos maravillosos ojos parduzcos y mirada alegre pero serena, esta mujer de estatura media y extraordinaria showgirl de un espectáculo ecuestre y de baile que llegó a dar alegría a mi pequeño pueblo, ella sería la indicada para que fuera mi compañera de toda la vida.

Durante algún tiempo ella se fue de gira, pero ya no eran malos momentos para mi, pues su dulce voz me recordó que la cita en la playa, cuando  Buenaventura  regresara, esta vez seria con ella, y como testigo la luna para siempre.

 

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Buenaventura by El Escritor de Pacotilla is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivs 3.0 Unported License.

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