Publicado en Personajes

Panorama general de Es pars de tu natura , primer borrador.


59.-

Es curioso que los que suelen criticar ferozmente una lectura no son capaces siquiera de escribir una línea coherente, escribir y leer no está reservado para una clase elitista, escribir y leer está reservado para todo aquel que se lo proponga.

¡Hello world!

      Es obvio que en mi blog no pondré toda una novela para leerla, así como pasó con Azul Pacífico, solo la tengo para aquellos que quieran leerla y vean todo el esfuerzo físico y mental que cuesta tratar de armar una historia, no lo hice para vanagloriarme, sino porque sabía que podía, recuerden que para el buen leer hay bibliotecas y autores muy buenos, unos totalmente desconocidos ensombrecidos por otros más famosos, pero si me gustaría compartirles el ir y venir del escribir, las dificultades de intentar plasmar lo pensado de forma escrita, todos tienen diferentes métodos para inspirarse, el mío  es bastante sencillo, una buena luz, una silla cómoda, una botella de agua, quizá unos cheetosimage y la inspiración suficiente, a veces las ideas fluyen tanto como para escribir 5-7 páginas en 2 horas o menos, a veces no pasa uno de una simple cuartilla

La historia de forma provisional se llama “Es pars de tu natura”   (Es parte de tu naturaleza en Latín) es la historia de un ser humano que pasó por todo tipo de dificultades, mi misión no es jugar a un personaje, sino mostrar o intentar mostrar cómo llegó hasta donde está, tampoco es una historia moralista y dudo que tenga final feliz, primero hacer una base sólida donde sustentarse.

 

Este es un borrador y tómenlo como lo que es, todo puede cambiar, pero me funciona como una visión general.

DATOS: Borrador hecho en 19 minutos, ocupa 3 páginas con letra arial 12 y espaciado  de 1.5

  21 de Abril de 2011

Versión 1.0

1889 Palabras.

10, 371 Letras con espacio.

El Origen

Es un poco extraño, siendo las 3: 19 de la madrugada, hoy estoy despierto porque tengo que contarles una fabulosa historia que a mí me pasó, mañana inicio mi primer día en la Universidad de ahí mi insomnio…

Cuando yo era joven, me paseaba por las sórdidas calles de la capital, ver pasar a aquellos vendedores ambulantes tratando de venderme sus productos, estar al lado de las vecindades a punto de derruirse, con sus habitantes adentro, era lo que siempre me había tocado desde que nací en una de esas vecindades sin nombre, bueno me remontaré muchos años atrás cuando mi padre no supo enseñarme cosas buenas, pues siempre me contestaba con un golpe, de él no tengo buenos recuerdos, es más; no tengo recuerdos gratos, los únicos eran cuando veía a mi padre golpear a mi madre y azotarla en las paredes cual muñeca de trapo, a mis 4 años tuve que ver las brutales golpizas que recibía mi madre Inés, sin embargo era demasiado pequeño como para afrentar a mi padre; ¿o quizá no podía?, el único consuelo de mi madre era que Don Alejo mi padre; un alcohólico empedernido casi nunca se encontraba en casa, solo llegaba cuando el dinero se le acaba, era cuando mi madre oía decir a la vecina que venía Don Alejo, ahí fue cuando por primera vez vi el terror reflejado en los ojos color miel de mi madre Inés, pues se ponía a temblar cual hoja al viento, era muy cíclico, 2 veces al mes pasábamos por eso, sin embargo mi padre nunca llegó a pegarnos, era algo extraño pero cierto, alguna vez mi tío Rodolfo, el hermano mayor de mi padre me dijo que estuvo a punto de ser un pelotero de grandes ligas y sin embargo eligieron a otro en su lugar, este hecho marcó de por vida a mi padre, el cual desquitaba todo su coraje con el alcohol, mi madre y con quien se pusiera enfrente; mi tío Rodolfo poco a poco se fue alejando de nuestra familia, poco he sabido de él, excepto que mis primos están estudiando su carrera.

Como era un niño ajeno a muchas cosas, no sabía que vivamos una situación de pobreza extrema, mi casa estaba al fondo de una pequeña privada enclavada en uno de los barrios más marginales de la gran capital, aquella que se dibujaba a lo lejos con sus grandes rascacielos, mi hogar era un conglomerado de láminas de cartón por un lado, una pequeña estufa que funcionaba a veces como calefactor en las noches frías; cuando cumplí 6 años mi rutina era ir al mercado principal con una canasta enorme y pedir a los vendedores de frutas o verduras si les quedaba alguna que sirviera, no importara que estuviera algo podrida, total mi madre era capaz de hacer un extraordinario caldo de verduras con lo que pudieran regalarnos, ahí estaba doña Gloria que quizá se apiadaba de mi edad y a veces nos regalaba unas enormes papas con los cuales hacíamos guisado para 2 días, toda una fiesta a la cual mi padre nunca acudía.

A veces debido al escándalo que hacía mi padre, el cual rompía las cosas que con tanto sacrificio había ahorrado y pagado mi madre, el ropero, el librero, la mesa; todo eso quedaba destruido, cuando eso pasaba tenía que salir huyendo a casa de mi tía Melinda, ella era la hermana menor de mi madre, sin embargo recuerdo que lo pensaba mucho, pues nos trataba con desdén desde que tocábamos el timbre de su casa pues éramos los pobres y ellos los ricos, ahí en un rincón de la enorme sala, en un pedazo de cartón que ella nos daba, ahí dormía esperando que no le pasara nada malo a mi madre, y al otro día temprano en la mañana era “gentilmente” apurado a dejar la casa de mi tía Melinda.

Conocí de cerca la pobreza extrema, si bien a veces teníamos que pedir de las verduras algo podridas, pero útiles, aparte de las pocas veces que andaba de buenas mi padre, nos traía regalos y ropa nueva, a veces un perfume a mi madre, quizá era de esas raras ocasiones que se le olvidaba su depresión por no haber sido nunca un beisbolista profesional, también era cierto que varios vecinitos sufrían hambre y miseria, desde mi punto de vista estaban en peores condiciones, Pablito era un pequeño (para su edad) niño de aspecto débil con los ojos amarillentos, su madre trabajaba lavando y planchando ropa ajena, un trabajo que le consumía 12-14 horas diarias, esas horas este niño se la pasaba vagando pues él a diferencia mía no iba a la escuela, me hice amigo de Pablito cuando jugábamos futbol en un lote baldío que quedaba a unos metros de nuestras casas, pese a ser el más pequeño de todos, tenía en su mirada una tonalidad pícara.

Cuando cumplí 8 años mi padre decidió que me fuera a vivir con mi abuela paterna Doña Plácida, ella nunca había sentido nada bueno por mi madre, y sin embargo yo era su nieto y como tal me recibió con los brazos abiertos, eso sí para ver a mi madre cada semana, tenía que verla en la esquina de sus casa, no más cerca.

Fue una época entre feliz y triste, feliz por que mi calidad de vida creció enormemente, tenía mis 3 comidas y ropa, mucha ropa, iba a la escuela privada más importante de la ciudad, pero también sentía tristeza por casi no ver a mi madre, ella no tenia voz ni voto en esa decisión que tomó mi padre, pero sabía en el fondo que llevaría una vida mejor que estando con ella, por eso aceptó que me fuera de sus brazos.

Mi abuela Plácida era una mujer de enorme carácter, con gran voluntad dirigía 2 ranchos de su propiedad y salió adelante cuando mi abuelo murió a los 37 años; hoy en día una mujer como ella no desentonaría con el modelo de mujer moderna y autosuficiente, sin embargo yo le tenía miedo como todo niño que tiene miedo de la autoridad impuesta.

Cuando fui al primer supermercado que abrió sus puertas en la gran ciudad capital, a las afueras me encontré con una figura familiar, era Pablo, algo más grande pero aun con el porte delgado que siempre lo había caracterizado, pero esta vez él no me vio, tenía puesta su mirada en una señora, quise gritarle pero mi abuela tenía férreo control sobre mí y me jaló hacia ella, lo poco que recuerdo es que el objetivo de Pablito a sus 11 años era el de robar la cartera de la señora que estaba enfrente de mí, lo vi correr por entre las personas y cruzar la avenida principal seguido de un guardia de aquel supermercado, Pablito mi compañero y amigo cuyo ´principal motivo para robar pudo ser el hambre vivida en aquellos barrios donde yo llegué a vivir, Pablito no vio venir al pesado auto que no pudo frenar a tiempo; ahí tirado en medio de un charco de sangre mi amigo Pablito dejó de existir, y yo entre la multitud de gente que se arremolinaba cual espectáculo, solo dejé salir una lágrima, a nadie le importaba ese niño que estaba ahí inerte, a nadie más le importó su vida, mucho menos su muerte.

Conforme fui creciendo demostré grandes aptitudes para sobresalir en eventos deportivos, sin embargo la disciplina de mi abuela Plácida cada día era más asfixiante, yo anhelaba regresar con mi madre y rescatarla de mi cada día peor padre, que ahora no dejaba de tomar y lo habían corrido de su trabajo.

A los 15 años en contra de la voluntad de mi abuela quien me dijo que si me iba, sería para siempre, decidí regresar a casa, eso haría que dejara la costosa escuela a la que iba, pero necesitaba estar con mi madre, así es que decidí trabajar y estudiar, no me era difícil pues desde pequeño había llevado muchas responsabilidades, fueron días felices pues busqué trabajo en una farmacia cercana, y comencé a estudiar de noche, sin embargo dentro de mí había algo que no correspondía a lo normal, tenía especial don de convencer a la gente, quizá eso podría ayudarme a mis propósitos personales.

No siento que deba tener muchos amigos, ¿para qué? Si puedo convencerlos y amoldarlos a mis necesidades más básicas no hay necesidades de ello, además mi niñez la pasé entre pobres, hoy esto en una mejor situación y por eso sé como manipularles, la vida es un juego, aquel que descifre cómo es el mecanismo del juego, tendrá las cartas ganadoras; olvidé decir que este año empiezo la carrera a mis 18 años, mi abuela aun sigue con su férrea disciplina, al parecer mi padre y mi madre limaron asperezas y viven aun en la misma casa con mi hermano pequeño Oscar, mi nombre es Armando y por apoyar las causas de los más pobres, ya sé para quedarme con parte del dinero y con eso financiarme mis gustos, por ese detalle mi abuela Plácida y mucha gente me conoce como aquel que ve en los medios masivos de comunicación un poderoso aliado para llegar a mis objetivos y metas más ambiciosas, soy conocido como Armando el Protector de los pobres.

image

No sé ustedes, pero yo quiero mejorar quizá no a niveles profesionales por que al único que tengo que rendirle cuentas de mi trabajo es al más duro de mis críticos; un servidor.

Anuncios

Deja un comentario o una idea

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s