Publicado en Cuentos y Relatos

Quiero creer


72.-

Antes que nada quiero hacer hincapié en un hecho curioso, El Escritor de Pacotilla está basado en mi propia personalidad, mi opinión es la misma que si hablaras en persona conmigo, no soy un personaje que inventa hechos irreales sobre mi vida ni me creo que sea más inteligente que otros, no soy el más fuerte pero tampoco lo necesito, pues solo soy yo con virtudes y defectos, alguien real y tangible, sin embargo tengo un compromiso  y una responsabilidad con usted mi querido lector y ese es demostrar coherencia e imparcialidad más allá de la opinión de la persona real que escribe, usted recibirá la opinión lo más certera y apegada a lo que llamo ética del Escritor de Pacotilla.

Solo soy un tipo con ganas de escribir y platicar de todo tipo de temas, me nutro de esas pequeñas acciones donde aprendo de ti y aprendo de mi mismo,  no hace falta mi nombre real pues para lo que cuenta este blog como vehículo de lectura, me basta con mi apodo, este mini cuento busca ofrecer algo diferente.

 

 

 Quiero creer en el mar…

5 de Diciembre de 2026

      Durante algún tiempo supe que aquella playa cerca del pueblo, tenia algo misterioso, un algo que los mismo bañistas daban por hecho, los viejos del pueblo hablaban de bárbara y la sirena que una vez visitó las cálidas aguas de la bahía, recibió su nombre por que la persona que la descubrió en una roca en la playa, era una niña de 4 años llamada así, hoy en día esa niña es una anciana abuela, quien en una tienda de recuerdos de la localidad me contó su historia, tan fantástica como irreal, al menos para mi, un investigador marino venido de la gran ciudad, pero que la historia de aquella anciana con grandes surcos en su frente, fruto de una vida larga y laboriosa, todo es se me hacía fascinante, he aquí el comienzo del relato de Bárbara y la mujer que vino del mar:

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Era la mañana de un fin de Julio del año 1952 de inicio mucho calor en la bahía donde a lo lejos se encontraban unos pescadores, Bárbara una pequeña niña de rizado cabello color trigo que jugaba con la arena de la playa andaba buscando unos caracoles

image para regalarlos a una de sus amigas en el Kínder,  ella era una alumna muy avanzada para su edad de 4 años, incluso desde los 2 años ya tenia nociones por encima de los demás niños de su lugar de origen.

Bárbara siempre había acudido a esa bahía, su abuelo era un pescador que aun denotaba fuerza en sus acciones, su pequeña nieta era fácil de encontrar entre muchos niños que eran llevados por sus padres, sin embargo Bárbara conocía aquella playa y su abuelo confiaba en que no se alejaría mucho, pronto seria su cumpleaños numero 6, muy lejos, más de lo que llegó a pensar se encontró buscando caracoles y demás animalitos cuando de pronto vio una sombra reflejada en la arena, era una mujer de porte altivo como de 1:70 de estatura, de tez blanca con su cabello marrón y unos ojos color miel, ataviada con un vestido que parecía estar hecho con jirones de seda, una seda tan fina que parecía brillar con los rayos de sol, Bárbara no sintió miedo, más allá de eso la mirada de aquella extraña mujer era cálida, denotaba tanta paz como la de la madre de aquella niña que se había alejado de la playa.

Aquella extraña mujer vio a la niña en un gesto de sorpresa y de desorientación  y sin decir una palabra, salió corriendo hacia el mar, parecía que flotaba al correr, sus piernas eran agiles, como si de verdad necesitara ir al mar dejando a la niña impresionada y asustada pues pensó que era una turista desorientada.

Bárbara corrió y corrió un largo trecho para cruzar una zona de pinos y llegar a la pequeña bahía donde se encontraba la embarcación de su abuelo, gritando que una mujer se había metido al mar sin regresar, el abuelo Benny rápidamente organizó una búsqueda por los alrededores, le creía a su nieta, los demás pensaron que la niña mentía, sin embargo en el mismo lugar donde ella jugaba, encontraron unas misteriosas huellas humanas con dirección al ahora embravecido mar, más no encontraron nada más.

Bárbara tenia una relación especial con su abuelo Benny, él era su mentor desde que tenia un año de nacida, pues sus padres habían fallecido en un accidente de auto, era una situación extraña que cuando el abuelo se iba de viaje a alta mar por días a veces semanas enteras, ella fuera cuidada por la nana que tenia asignada, sin embargo era una niña muy reservada pues a tan tierna edad supo comprender lo duro de ver partir a alguien y esperarlo por noches enteras y darse cuenta de que no volvería, por eso su abuelo lo era todo para ella.

Durante una semana anduvo deambulando por los muelles principales, realmente la gente del lugar la conocía pues siempre iba con su vieja nana, sin embargo en determinados casos ella se adelantaba corriendo, total era su zona de juegos, sin embargo la mirada de aquella enigmática mujer que volvió al mar la tenia intrigada, de hecho durante toda la semana se preguntaba si lo que vio fue un ángel.

En una noche donde el manto de las estrellas brillaba a todo su esplendor en la bahía, el abuelo Benny y Bárbara se sentaron en la arena y ahí le contó la historia sobre unos seres mitológicos que creían no existían, sin embargo el de joven había podido verles cuando iba de pesca en los barcos pesqueros, las sirenas Bárbara, son reales, escuchaba sus llamados cuando yo era joven, solo pude ver una de espaldas, su larga cabellera me impidió ver su cara, sin embargo el chapoteo que hacían y ese canto tan especial, era obvio que no eran animales, eran mujeres con cola de pescado, decía extasiado el abuelito; ¿de verdad me crees Benny? claro que sí te creo.

Un mes después de aquel avistamiento raro, Bárbara se alejó otra vez de la mirada de su nana, y el abuelo estaba de pesca en alta mar, así que decidió ir por más caracoles a esa zona a la que prometió no volver, sin embargo esta vez junto a una roca alguien comenzó a llamarla por su nombre, una voz dulce, suave como el murmullo del mar—¡Bárbara! puedes venir—la niña asustada por no poder localizar de donde venia tal voz, pensó en salir corriendo, su angustia se reflejaba en su mirada, sin embargo, detrás de un pedrusco con una gran naturalidad salió la misma mujer del mes pasado, esta vez la niña pudo apreciarla de mejor forma, entre sus cabellos había pequeñas caracolas de mar, su vestido más parecía hecho de telarañas multicolores con el sol, si bien su tez era blanca, también tenia tonos iridiscentes como si tuviera un halo—¿Quien es usted señora? preguntó con tono asustado la niña—“Yo sé tu nombre, sé que eres Bárbara, te he visto cuando sales de viaje en un barco pesquero”—¿Y cómo es que sabes eso?, yo no la conozco señora—“Yo vengo del mar, no, no me temas, viene desorientada con la tormenta y es por eso que me viste por primera vez, poca gente puede verme, solo quien quiere creer, muchas gracias pequeña”—Acto seguido se alejó otra vez en dirección al mar no sin antes decir que regresaría en la próxima luna llena.

Esta vez Bárbara no le contó ese suceso extraño a su abuelo que esa tarde había llegado muy cansado, sin embargo ella esperó durante mucho tiempo ansiosa el regreso de aquella mujer que al parecer su vía de escape era el mar.

Durante varias noches de luna llena aquella hermosa mujer regresaba a la bahía para ver a su nueva amiga, sin embargo las constantes escapadas de la niña habían llamado la atención de su nana, después de todo era demasiado pequeña como para andar por la población, por muy tranquila que fuera, esa noche la nana siguió de cerca a la niña, la playa estaba en el patio trasero de la cabaña del abuelo, así que no era muy difícil ir a la bahía, con asombro vio que la niña hablaba sola cerca de una piedra, sin embargo la niña se dio vuelta y pudo ver a su nana, acto seguido una sombra se deslizó hacia el mar.

 

La anciana Bárbara me contó que pasaron 3 años sin ninguna noticia  y en la primavera de 1955 con casi 7 años cumplidos, la mujer misteriosa había vuelto, pero esta vez se hizo eco entre los pescadores del pueblo pues habían divisado en el mar, la cola de un enorme pez, más no vieron más, pero el rumor llegó a oídos del abuelo Benny quien le comentó a Bárbara, siendo un motivo más de alegría en aquella solitaria niña.

La multitud se arremolinaba en uno de los muelles, mucho más de lo normal, la aparición de una extraña y hermosa mujer que no sabía hablar más allá de 3 frases en español y que parecía desorientada, era un acontecimiento en San Juan de las Piedras, el abuelo Benny se acercó a aquella y jovial mujer de cabellos oscuros y le preguntó de donde era, más ella no alcanzaba a comprender del todo qué hacía ahí, quizá los rumores de que era una espía pues en aquellos años la Guerra fría era algo que se empezaba a comentar, todo esto hizo que el abuelo Benny dijera a la pequeña muchedumbre que era una turista extranjera que se había perdido y que venía a conocer el pueblo, por lo cual le daría asilo.

¡Bárbara, bárbara ven tenemos una invitada y quiero que la conozcas! proclamó el abuelo con esa voz ronca que siempre lo había caracterizado, en la terraza se encontraba sentada aquella mujer que Bárbara nunca había olvidado, su semblante cambió, sin embargo la mirada cómplice de la mujer la hizo mantenerse discreta.

El abuelo Benny buscó hacerle plática a quien ahora llamaban “La Turista” por que no sabían su nombre real, sin embargo ella no podía comunicarse más que con señas, haciendo creer al viejo lobo de mar que quizá tenia problemas del habla, a lo cual decidió almorzar generosamente como siempre lo había sido, la pequeña Bárbara le preguntó enfáticamente a aquella mujer –¿Puedes decirme de donde vienes?- Nieta mía, ella al parecer no habla, no tiene caso preguntarle, déjale comer y luego averiguamos de donde es—De pronto con una voz cálida y suave, como la brisa del mar, cristalina como el agua del manantial más puro, sonó la voz de aquella mujer—Mi nombre es Evadne.

¡De verdad estoy sorprendido señorita!, no pensé que usted hablara, mis más sinceras disculpas por esto, permítame alojarla en nuestra habitación de invitados, regreso. Con paso apresurado el abuelo se levantó de la silla y fue a la planta alta, la niña de 7 años se encontró de repente con aquella misma mujer con quien solía platicar hacía 3 años antes—¡pensé que eras un sueño, de verdad me gustaba tu plática, más nunca me dijiste tu nombre—Eso es por que no quería asustarte, ahora sabes mi nombre real, lo que debes saber ahora es que provengo de un lugar muy lejos en el mar, la razón por la que llegué a este pueblo, es porque la tormenta hizo que perdiera mi destino, sin embargo ahí fue cuando te conocí hace tiempo, pero veo que haz crecido—¡Y usted no ha cambiado en nada, sigue igualita!—le comentó impresionada la niña.

¿Recuerdas lo que platicábamos? Sí, te comenté sobre mis papás, ellos no regresaron,ahora sé por que ya no regresaron, mi abuelito me lo dijo—Mira, te regalo esta caracola, si pones atención, podrás oír las voces de tus seres queridos, la frase mágica es “Quiero creer” de verdad funciona pequeña niña.

Disculpe señorita E…—Evadne, mi nombre es Evadne—¿Acaso  viene de otras tierras?— en efecto señor, vengo de lugares alejados de aquí, pero son lugares en paz—Ah, lo que pasa es que en el pueblo andan con los rumores sobre espías y pues no, usted no lo parece, ya tengo lista su habitación, si gusta puede ir a descansar.

Pasó algún tiempo durante el cual Bárbara y Evadne forjaron una sólida amistad, amistad que era vista con recelo por algunos pobladores que veían en la forastera una bruja que había traído la mala suerte a la población, pues ya nadie pescaba como antes, sin embargo había misteriosas apariciones de un gran pez que atemorizaba a los pescadores

Evadne

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Evadne solía ir a la playa a diario, cuando salía de la escuela, Bárbara iba a jugar y platicar con su amiga, de la que poco sabía más allá de que sus hermanos estaban más allá de donde podía verse el horizonte en el mar.

Bárbara, creo que es hora de partir, tengo que regresar el equilibrio, aquel gran pez que asusta a los pescadores viene por mi a llevarme a mi hogar, aquí he sido muy feliz, pero te he dado el don de creer—No quiero que te vayas Evadne, has sido lo más cercano a una madre en este mes que he tenido en toda mi vida, desde aquella vez que dejé de verte—Te prometo que regresaré siempre que lo requieras, pero mi partida debe ser hoy en la noche, tu abuelo no sabe quien soy pese a que llevo un mes en su casa y eso lo puede preocupar mi querida y pequeña amiga.

Ha sido un enorme gusto señor Benny pero es tiempo de que regrese con los mios al lejano lugar de donde soy, le estoy agradecida por su hospitalidad, nunca pensé que aquí en tierra fueran asi—¿en tierra? es que acaso jovencita usted siempre ha vivido en el mar jajajajaja—La sonora carcajada del abuelo permitió hacer más llevadera la despedida oficial de Evadne de aquel pintoresco pueblo.

Pero dime ¿como es que piensas irte si el camino principal está cerrado? te tomaría 3 días siquiera salir por el otro camino alterno—Por ese detalle señor no se preocupe, sé como irme, pero antes quisiera hablar con Bárbara.

Siendo las 10 pm Evadne se reunió con la niña en el mismo lugar donde se habían conocido 3 años atrás, esta noche sabrás quien soy realmente, sabrás por que tienes el don de creer, creíste que yo existía y por esa razón pudiste verme—Bajo la luz de la luna llena, con un halo misterioso, Evadne comenzó a brillar intensamente, con cada paso que daba hacía el mar, donde la espuma revoloteaba con sus pies, para cuando estuvo en pleno mar, Evadne le dirigió una mirada de agradecimiento y la promesa de que siempre que Bárbara lo quisiera, ella volvería, eterna.

Con un ademán de gracia, una cola de pez iridiscente asomó por detrás de Evadne para irse nadando para ya no volverse a saber de esa misteriosa mujer en el pueblo.

Esa fue la historia que me contó una anciana llamada Bárbara quien me contó esta historia, sin embargo dicen en el pueblo que todas las noches de luna llena la anciana Bárbara platica sola en la playa con alguien invisible para todos aquellos que no creen; que platica con la que dicen fue una sirena que visitó las arenas del lugar y aun sigue visitando a su ahora vieja amiga.

FIN.

Licencia de Creative Commons
Quiero creer en el mar… by El Escritor de Pacotilla is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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