Publicado en Cuentos y Relatos, Personajes

Te llamarás Polaris Parte II


94.-

Y ya con esto cierro el cuento de Te llamarás Polaris, y ya queda nada para el 1 de Octubre, primer aniversario de mi blog y también aprovecho para comunicarles el descanso del Escritor de Pacotilla, este será breve pero necesario, si bien no actualizaré mi blog, procuraré estar al pendiente de cualquier duda o comentario posible, pero después del 1 de Octubre he decidido darme un descanso mental en aras de regresar con más ideas a desarrollar, mientras se quedan con un pequeño relato que pienso mejorar en una revisión en segundo plano más que nada para corregir y aumentar detalles, pero eso, eso será cuando regrese.

Les recomiendo encarecidamente poner las canciones que puse mientras se da lectura, así sentirán parte de la atmosfera que quise imprimirle, saludos.

“Es Europa un lugar donde impera la soledad y la frialdad del viento, donde te sientes solo con tu alma y nada más; ahí veo al profesor Henry con una sonrisa realmente gratificante y cálida, como si su meta en la vida se materializara frente a mis ojos”

 

 

Soy Polaris y estamos por arribar a la superficie de Europa, profesor Henry hágame el favor de acomodarse en su asiento, sé que esto es algo por lo que luchó muchos años y…—¡No niña, yo luché por viajar en el espacio por décadas, esto es mi sueño hecho realidad, nosotros seremos los pioneros en una nueva era para la humanidad, espero muchas cosas de este viaje, quizá mi último viaje pues ya tengo 72 años.

El Ulises III con la misión de entrar en la atmósfera de Europa dispuso una nave más pequeña para el amarizaje en aquellos helados mares que se presentaban ante ellos, poco más sabían, el profesor Henry, el médico Isaac, el capitán Carl y la propia Polaris quien se extrañaba de que ella fuera y no su jefe inmediato; entrar a aquel extraño planetoide con capas de hielo y un mar helado la hizo estremecer, ¿acaso no era aquello por lo que había viajado millones de kilómetros?

Telémaco la nave más pequeña comenzó su entrada  a la atmósfera helada, poco más que hielo y hielo, la pureza del blanco invitaba a relajar, pero sabían que Europa con sus vientos huracanados sería todo, menos tranquila, por muchos lugares se asomaban enormes grietas en el casquete de hielo, por encima de ese horizonte estaba el imponente planeta Júpiter.

¡Atención estén atentos a toda actividad en la superficie, como bien saben soy el capitán de esta misión y me han permitido explicarles los detalles de esta misión; aquí se estima hay más   de 100 veces la cantidad de oxigeno que hay en todos los océanos de la Tierra,  la señal que hizo que viniéramos la podemos encontrar en el fundador de  Aerologistic and Robotechnologies  Sir Alfred Hawkins VI, él hace 12 años descubrió una señal intermitente proveniente de esta luna del planeta Júpiter, esa señal la rastreamos y vimos que había actividad debajo del hielo, aquí señores hay vida que no pertenece a nuestro planeta; el especialista en paleobotánica el profesor  Henry le dará una mejor explicación—Hola que tal, a algunos ya los conozco, la razón de estar aquí es por que allá abajo se pudo encontrar mediante telemetría, organismos más complejos que los microbios—Polaris que hasta ese momento había estado callada, alzó la voz y comentó—Me parece que este viaje no solo alcanza para conocernos, alcanza para saber que lo que veremos será algo único, Europa podría ser la fuente de una nueva humanidad.

Esta en lo cierto señorita Polaris…¡miren allá a estribor! ¿qué es eso? —A lo lejos entre capas de nieve se veía movimiento de algo enorme, un algo que no podía encontrarle forma, no era el viento, pues iba contra la corriente, era algo de unos 50 metros de largo de color café, era algo vivo, sin duda alguna—Fotografíenlo antes de que desaparezca de la superficie, les dije, no estamos solos, esa es la primera prueba de que aquí hay vida, miren más allá de aquella montaña hay cosas que se mueven—era verdad como si fuera un cuento surrealista, lo que parecían copas de árboles se movían con movimientos acompasados por la superficie de una una enorme y helada montaña—El profesor Henry estaba entusiasmado, más no Polaris quien debió ser la primera entusiasmada..

Sé que todo aquí será algo nuevo, dejamos la Tierra al borde de la crisis de una guerra mundial, no sabemos si cuando regresemos, habrá algo a lo qué llamar hogar, aquí es un mundo primitivo—¡Vamos Polaris, localizamos a la criatura café—A unos 3 kilómetros de ahí, una enorme mole de 50 metros de largo, se movía por encima del hielo, parecía más una enorme oruga de color café, sin embargo tenía 8 pares de patas cortas, y una extraña cola en forma de diamante, como si fuera un enorme manatí mutante, “La Mole” como había sido apodada, de pronto se detuvo en seco, la presencia de la pequeña nave hizo que se detuviera, era el momento de que Polaris saliera a darle un vistazo de cerca—Sé que es mi sueño, pero ahora no encuentro ese algo que me haga sentir que lo que hacemos como colonizadores, esté bien; trataré de acercarme lo más posible a la criatura, volveré.

Enfundada en un traje espacial y armada con arpones e instrumentos diversos comenzó a bajar a la superficie helada de Europa, quizá nadie se había dado cuenta por la algarabía de encontrar a aquel extraño ser de lento andar; pero ella sería el primer ser humano en tocar suelo de un lejano mundo con vida, ahí en un pequeño vehículo que se desplazaba con dificultad debido a los vientos huracanados, poco a poco se fue acercando a aquella criatura a la cual no le veía ojos pero sí una boca parecida a la de una ballena jorobada.

Misión Telémaco estoy enfrente de la criatura, no hay contacto visual, no se mueve, pero ¡esperen cambió de dirección! ¡está enfrente de mi! —Era verdad, aquel diminuto vehículo donde Polaris se encontraba se vio de pronto a unos  80 metros de aquella criatura la cual comenzó a emitir un gruñido gutural, profundo, potente el cual puso más nerviosa a Polaris, podría morir ahí—¡Polaris aborta la misión regresa!—Con un tono desesperado el capitán gritó en el micrófono—Sin embargo Polaris cortó comunicación y decidió bajarse del vehículo, una decisión casi suicida, pues los vientos eran tan fuertes que le impedían ver poco más que las luces de Telémaco a lo lejos, nada más era ella y aquella mole color café.

Las botas del traje de Polaris se hundieron unos 15 centímetros en el hielo, este no era de color blanco como en la tierra, era de un color azulado con tonos iridiscentes, poco a poco se dio cuenta de que a su alrededor habían unas extrañas criaturas de unos 30  centímetros, habían de todo, unas eran como erizos vivientes, otros se arrastraban haciendo uso de sus patas múltiples, otros no les encontraba forma, pero era seguro que respiraban algo, se veían sus agallas y enfrente de ella,  aquella enorme criatura.

La curiosidad hizo que se acercara más de la cuenta, ante la mirada de sus compañeros que se encontraban más alejados.

 

Polaris pronto comprendió que se encontraba en un ecosistema ajeno  a su planeta, sabía que no debía atacar a esas criaturas que deambulaban por aquel paraje helado, ella era la extraña, la invasora de su mundo; la criatura enorme no tenía ojos pero emitía sonidos tan profundos como los de una locomotora, Polaris sabía que debía regresar por sus pasos.

Ya en la Ulises III Polaris dio un informe a todos los presentes, esta vez, los tripulantes que se encontraban hibernando ya estaban en la sala de juntas para escuchar a aquella joven mujer:

Hoy hice el primer contacto con la superficie helada de Europa, eso es un gran logro para la humanidad, hoy también hicimos contacto con una entidad extraterrestre compleja, como ven, una enorme mole de color café que se arrastraba por la superficie, pronto me di cuenta que el extraterrestre, el ser extraño era yo, éramos nosotros, esta luna con vida, aun contiene formas de vida muy primitivas, quizá dentro de unos miles de años, albergue vida como la nuestra, es deber de nosotros como humanidad velar por que ellos evolucionen a la par de nuestra civilización,

Un rayo de luz azulada en dirección a la  Ulises III funcionó como una advertencia para ellos,  debían regresar a la tierra si bien nadie más fue a la superficie, 15 horas después de lo vivido por Polaris, la Ulises III partió con rumbo a la tierra, pero velarían de ahora en adelante la evolución de Europa, quizá en el futuro cuando las criaturas ahí vistas, se estrechen las manos.

Polaris regresó a la tierra unos años después dispuesta a dar lo mejor de sí para cambiar a la humanidad, allá en aquel punto luminoso en el cielo, allá había vida, allá sus descendientes verían una nueva esperanza de estrechar lazos de amistad.

 

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