Publicado en Cuentos y Relatos

El Enigma de Ákraba


114.-

En un principio esta historia la empecé a relatar en tiempo real en Facebook, no era más que un ejercicio de improvisación, bueno a petición expresa de alguien, es como poco a poco he dado forma a esta mini historia sobre un personaje muy peculiar, Shura, un aventurero en la búsqueda de los más grandes enigmas de la antigüedad.

 

El nacimiento de un héroe siempre viene de la mano de una leyenda forjada entre las arenas del tiempo.

 

 

El Enigma de Ákraba

Capítulo I

“Su valor y rectitud recordaba vagamente a aquél héroe apodado “El Tigre de Malasia” hoy en día enterrado bajo las exóticas selvas de aquel país lleno de misterios por resolver, él representaba con su adusto aspecto y determinación de acero por la justicia en todos los niveles.”

Shura Shakra era un aventurero que había vivido en muchos lugares, aprendiendo el buen hacer del panadero a cambio de un mendrugo de pan, sabedor del hambre que pasan quienes son los más desprotegidos, desde muy pequeño había vivido en las fronteras de la India, poco más se sabía sobre su pasado, hoy, en medio de una espesa niebla, había desembarcado en uno de los tantos muelles de aquella populosa ciudad en Malasia…pero ese no era su destino real.

Pero Shura no era un huérfano normal, el era heredero de grandes conocimientos y de una paz espiritual tranquilizadora, Shura, estaba en Malasia por haber oído de una vieja leyenda sobre un mítico pueblo fantasma y quería comprobar por sí mismo que tan real era., poco después tomó el barco que lo llevaría muy adentro en el mar y su destino era…

Isla Kiriwina, mar de salomón, cerca de Papúa Nueva Guinea

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Un misterioso pueblo enclavado en lo más profundo de las espesas selvas tropicales de esa isla, ese pueblo era entre los lugareños, también una leyenda, decían que aparecía cada 50 años y en determinadas situaciones cerca de un rio un conglomerado de pequeñas casas rústicas y cuya gente usaba indumentarias extrañas, eran esquivos con la gente de sus alrededores, las pocas personas que los habían oído decían que hablaban una lengua desconocida, lo peculiar de este pueblo era que se decían a sí mismos los navegantes del sol y decían, eran capaces de transformar objetos de barro en oro, pues todo lo que era del color dorado era sumamente apreciado por ellos, aunque su valor no era comercial, sino se lo quedaban para sus templos; Shura a quien no le atraía el oro, sino el saber más de aquel extraño pueblo del que se había dicho que habían desaparecido muchas décadas atrás, hoy en día la gente de la ciudad más cercana a unos 500 kilómetros en tierra firme, solo los oían como una vieja leyenda urbana, Shura no compartía ese pensamiento, se había embarcado en aquella aventura y necesitaba respuestas.

Rítmicos sonidos salían de la espesa selva tropical, esos eran los sonidos a los que le temían los lugareños, anticipaban las apariciones del pueblo misterioso, Indira, un habitante y propietario de una pequeña tienda de abarrotes, estaba abriendo como todos los días su comercio, cuando de pronto sintió una extraña presencia atrás de él—¿Pero qué es esto! Al voltearse pudo ver a un hombre vestido con una túnica marrón y adornos en las orejas, este hombre de tez morena no parecía un lugareño, tenía la mirada perdida—Buenos días buen hombre disculpe ¿usted es de por estos lugares? —el extraño no profirió ninguna palabra, un segundo después se alejó caminando pausadamente por las calles desiertas de aquella mañana, Indira recordó las historias que le contaba su abuelo cuando tenía 5 años—Nieto mío, cuando yo tenía tu edad, este pueblo fue visitado por gente extraña, eran como nosotros, pero no hablaban nuestro idioma, cuando eso, las autoridades investigaron, supieron de que se habían asentado a las afueras de aquí, y que de sus chozas salían luces y sonidos de tambores, pero nadie se atrevió a ir, eran muy altos, mi padre, tu bisabuelo recuerda que 2 de ellos median como 2 metros, muy delgados y ataviados con una túnica marrón y adornos…—-Indira recordó que el individuo que había visto esa mañana era exactamente igual a como lo había descrito su abuelo casi 50 años atrás, Indira el comerciante corrió apresuradamente hacia la esquina donde unos segundos antes había doblado aquel forastero, pero no encontró nada.

Sin embargo a lo lejos vio a otro forastero, este de aspecto más “normal” iba ataviado con una especie de pañuelo cerca de su cuello, pantalón color caqui y camisa manga larga de color blanca, aunque lo definía más por el color verde esmeralda de sus grandes ojos, su cabellera ondulaba al viento como si fueran a liberarse, ese era Shura, el viajero errante de lejanas tierras.

Con voz fuerte y firme, Shura se dirigía al comerciante el cual aun no se había recuperado de la impresión de la aparición casi fantasmagórica de aquel personaje—Buenos días señor, veo que hay buen clima en estos lugares, ¿habrá algún lugar donde pueda alojarme, soy un viajero que desea hospitalidad temporaria—Ah, este mire, no son muy bienvenidos los extranjeros en estas tierras, pero noto que usted es—Oh sí, sí, mire mi nombre es Shura Shakra, viajo con destino a tierras muy lejanas y mi intención es pernoctar en este lugar—Indira pasado el susto, decidió decirle a Shura que en la esquina había un hotel adecuado para esa noche.

Por la noche el sonido de los animales de la selva se acrecentaba, a veces el sonido de los saltamontes era ensordecedor, sin embargo Shura no tenía tiempo para eso, había llegado de lejanas tierras a petición de su antiguo maestro el cual lo entrenó en uno de aquellos templos de sabiduría milenaria en las montañas de Asia.

Un sonido diferente hizo que saliera a la calle, esta colindaba ya con la espesa selva de la cual parecía una boca de lobo, sin embargo el pequeño comercio de Indira estaba abierto, así que fue a él con paso apresurado.

—Buenas noches señor, ¿tendrá usted alguna historia que contarme sobre la leyenda de los Kiriwina?—Forastero, esto es algo que no creo que le guste saber, pero sí le da media vuelta a esa silla y le da unos tragos a esta deliciosa cerveza que trajeron desde el continente, así le podré contar sobre la leyenda de los Kiriwina, transmitidos desde el abuelo de mi bisabuelo hasta llegar a mí…

En el principio de los tiempos, a esta isla llegaron emisarios de las estrellas a vivir entre nosotros, se distinguían por ser muy altos, ellos con el paso del tiempo se fueron alejando de nosotros, no fraternizaban con nuestras guerras—Pero dígame señor, ¿eran ellos belicosos?—No, eran muy pacíficos, pero de repente desaparecieron, llevándose con ellos sus obras orfebres, nosotros solo hemos hecho burdas copias en oro, pero ellos usaban otro metal diferente de color gris plata, ese metal era prácticamente indestructible, pero nunca supimos de donde lo extraían.

Así pasaron las horas y Shura poco a poco se convenció del profundo respeto que se le tenía al pueblo errante en aquellas latitudes, sin embargo no le habían mencionado al extraño forastero que había visto Indira.

Temprano en la mañana Shura se presentó a dar un paseo por los márgenes del Pequeño rio que atravesaba una parte de la isla, este río era considerado sagrado por los lugareños, ahí decían habitada el demonio bufador, ávido y curioso exclamó— ¡El aire fresco de la mañana llena mis pulmones y me dan mucha energía! Oh disculpe joven habitante, ¿me podría decir donde se puede alquilar un bote para ir al norte del rio? Quiero conocer más de este extraordinario pueblo—Aquel muchacho se quedó en silencio un rato y señaló con su índice un pequeño muelle donde un tipo de larga barba y semblante de cargador de muelle estaba cómodamente sentado fumando un gran habano junto a la pequeña casita donde se veía guardaban cosas.

Usted no es de por estos rumbos ¿qué hace aquí? —Con una voz ronca y fuerte le dijo a Shura quien se había puesto enfrente, sabía que debía demostrar respeto y dejar hablar al lugareño—Mi nombre es Shura y vengo de un lugar muy lejano, tengo en mente recorrer este rio y conocer más de su cultura—Me temo eso no será posible, estamos cerca de las épocas de lluvia y ahí no podemos ir, está el gran demonio bufador, el más grande peligro de esta isla.

No sé de lo que habla, sé que es peligroso, pero quisiera ir para saber qué es—¡Jajajaja! No lo creo, no lo hacen por dinero, le tienen miedo a esa cosa endemoniada, pero primero déjeme decirle mi nombre, John Peters, norteamericano de nacimiento y desde hace 18 años, nativo de estas tierras—Mientras lo hacía se levantaba de su silla y se pudo contemplar su gran estatura, cercana a los 2 metros, si bien Shura no era bajo, pues medía en torno al 1:80, podría decirse que lo que destacaba de Peters era su imponente aspecto que destacaba del resto de los lugareños, de no ser por su descuidada barba y sus ropas, más cercanas a los harapos, se creería que era un mendigo.

¡Vamos mi joven camarada no se desanime! Mire, quizá y solo quizá podría ayudarle, claro a cambio del doble de dinero

—¿Hay tanto peligro como para ameritar eso? Estoy dispuesto a pagarle para que me lleve por el río y me deje en la zona aledaña, quiero investigar al pueblo de los Kiriwina— ¡Hahahaha! —La sonora carcajada de Peters resonó tanto que los habitantes que se encontraban enfrente de la calle voltearon a ver extrañados—

Bueno pues, déjeme decirle que el demonio bufador es una realidad, si lo oigo, me regreso a este muladar por mucho dinero que me pague, son 500 dólares—Shura quien había estado mirando fijamente a ´Peters, rápidamente dedujo que las ansías de este hombre por dinero se iban a calmar con lo que llevaba en uno de sus bolsillos, rápido y presuroso sacó una pequeña bolsa con la cual le dijo—Creo que sus servicios serán ampliamente recompensados con esto

—-Una gema del tamaño de un pequeño limón asomaba por la bolsa, era un zafiro que brillaba intensamente— ¡Vamos hombre, con esto convences hasta al mismo capitán Ahabab de cazar a Moby Dick con su pata de palo!

-Zarparemos mañana al amanecer, esperemos que nada haga que nos encontremos al demonio bufador.

Shura una vez concretado el trato se dirigió hacia su hospedaje mientras pensaba—Es raro, le tienen más miedo al llamado demonio bufador que a los kiriwina, ellos infundían miedo en la gente hace décadas, ahora se cuenta aquí como si fuera un cuento de hadas.

—De pronto, una sombra se acercó a las espaldas de Shura y de pronto le asestó un golpe seco lo cual hizo que se desvaneciera—

Aun adolorido por el golpe Shura gracias a su enorme fuerza física comenzó a recobrar la consciencia de forma rápida, no sabía cuánto tiempo había pasado, comenzó a fijar su vista y vio a su alrededor una extraña formación rocosa al lado de un rio, al fondo estaba un hombre, un hombre muy alto que comenzó a acercarse a Shura con paso rápido y hablando en un idioma desconocido, como si fuera un fantasma, este ser se acercó a Shura y dijo claramente—Los Kiriwina somos guerreros de paz, no de guerra, pero tenemos una misión especial a la cual solo pocos ajenos a nosotros pueden acceder, ¿se siente capaz de soportar las pruebas?

Fin del primer capítulo.

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