Publicado en Cuentos y Relatos

La Bestia de Kantouk


119.-

4 de Noviembre de 1925

En una noche tan oscura como la boca del lobo, en una tormenta de nieve tan densa como lo es la corriente del río del norte, ahí me encontraba a punto de llegar no sin muchos esfuerzos, al pequeño pueblo enclavado a la sombra de la montaña nevada, ahí era seguro encontraría civilización, pero también era seguro que era mi salvación llegar ahí, las temperaturas rondaban los 15 grados bajo cero, lo poco que alcanzaba a divisar eran unas pálidas luces amarillentas, eso era Kantouk, un poblado de unas 90 personas, en su mayoría familias que se quedaban ahí por las inmediaciones del rico en pescado lago Awogan, ese era mi destino, un destino duro y desolado.

El viento soplaba a mi favor, así que mi trineo llegó con bien a las 3 p.m., era indistinta la hora, la tormenta era tan densa que parecía que estaba llegando a la media noche, en el inicio de la población estaba un viejo conocido, el me recibió con los brazos abiertos, el me llevaría a una casa donde yo me alojaría un poco más adentro de la población.

La nieve lo copaba todo en aquel pueblo a la vera de la falda de las montañas Himalaya, de no ser porque se veían velas encendidas en algunas casas, creería que estaba entrando a un pueblo fantasma, el motivo real de mi visita era poder constatar el relato que habían hecho algunos viajeros sobre aquel ser que llegaba de lo más profundo de las tormentas y se llevaba lo que podía de las bodegas de comida y el caso más asombroso de una casa pequeña que fue destruida por una fuerza misteriosa y había arrancado de cuajo un poste telegráfico, quizá una de las pocas comodidades y medios de comunicación por los cuales se mantenía al día la población respecto al mundo.

Pase señor viajero, estos son sus aposentos, cuando termine debe usted saber que estamos al pendiente de todas las preguntas que nos haga en la comunidad.

No pude dormir mucho, el rugido del viento era ensordecedor, pude descansar 4 horas en lo que me aclimataba a la luz de las velas que era lo único que me separaba de la más espesa negrura que jamás haya visto, aquella ventana era como asomarse a un vacío sin fin.

Al día siguiente y con la tormenta cada vez más lejos, el clima se notaba más benigno, si se pudiera llamar así a menos 10 grados de temperatura, pero al menos era más soportable que la noche anterior; mi guía del pueblo un agradable sherpa que era hijo de uno de los patriarcas del pueblo, me llevó a una enorme choza donde me esperaban aquellos ancianos y mucha gente, muchas mujeres y niños alrededor de una fogata, por el otro lado unos niños de unos 5 años jugaban con una pequeña cabra, las marmitas estaban a todo lo que daba el vapor eso era lo único que me distraía.

¡Bienvenido viajero estamos gustosos de que alguien del exterior viniera acá!

Bueno, antes que nada viene a presentarle mis mejores saludos y bueno, el origen de mi visita como algunos ya saben es venir a entrevistar sobre el extraño ser que los ha aterrorizado durante estos meses.

Oh es verdad, los espíritus de las montañas son sagrados para nosotros, ellos hacen el equilibro desde antes de la llegada del hombre a estos parajes desolados, pero esto es diferente—Se erigió el que parecía el patriarca principal y exclamó—Este ser no ha traído paz a nuestra comunidad, es como si no nos quisiera aquí, los niños y mujeres sienten miedo de ir al rio a lavar su ropa o a jugar, no es fácil para nosotros que vivimos de lo que la naturaleza nos da.

Mientras me sentaba en un cómodo diván reminiscencia europea supongo, empecé a tomar nota de todo aquello que fuera extraño para la gente con mi vieja y fiel pluma fuente y llegué al relato de un joven campesino que vio una enorme sombra salir de la bodega de pieles hacía no más de 13 días atrás, no era un lobo ni un yak, era un animal que se erigió sobre sus dos patas— ¿Quiere usted decir que era bípedo? Se podía parar sobre sus dos patas sí señor, eso es lo que vi.—En mi calidad de entrevistador me di cuenta de que aquello no era nada a lo que me hubiera enfrentado como periodista antes, era algo que daba miedo, allí aislado del mundo y solo comunicado mediante un endeble cable telegráfico y ahí afuera al acecho una bestia de la que no se sabía siquiera cómo era, solo que podía caminar en dos patas y que medía más de dos metros.

Mi viejo mentor de la escuela de periodismo me había dicho sobre la leyenda del abominable hombre de las nieves, el famoso Yeti del que habían circulado leyendas y un supuesto cráneo hallado en un monasterio tibetano, pero no era lo mismo creer que lo que me contaba era un cuento para espantarme, a vivir en carne propia las experiencias de un pequeño pueblo que vivía atemorizado ante la presencia de un gran depredador que amparado por las tinieblas y las tormentas de nieve, podía atacar sin previo aviso, eso era una situación que no me esperaba.

Habían pasado 2 días desde mi llegada y solo he podido ver lo bonita y sencilla que es la vida de esta población, las mujeres criaban cabras y tenían una peculiar vida en las orillas del rio, ahí platicaban y lavaban con gran entusiasmo, los hombres dedicados a la caza y al pastoreo eran fuertes y bastante robustos, endeble era yo con mi metro ochenta y 79 kilos, estos seres humanos de este pueblo están curtidos por las crudas condiciones de vida que llevaban, es más la mirada de decisión estaba incluso en sus niños, se veía que esta era su vida y no tenían otra opción, todo transcurría con gran calma una vez pasada la tormenta se asomó el brillante sol, si bien la temperatura nunca fue mayor a los 2 grados;

Hasta el aviso por telégrafo de la llegada de una enorme tormenta invernal al día siguiente, eso era un presagio malo, la mayor parte de los ataques se habían suscitado en medio de tormentas justo como esta y eso me tenía a la vez que entusiasmado a la vez con mucho temor, cada que sentía miedo mi mente viajaba miles de kilómetros hasta mi hogar con mi esposa Estela y mi hija Sylvia sentadas junto a la cálida chimenea a la espera mía.

Al fin pude ver el cielo adornado con nubes esponjosas y en tonos pastel cual cuadros de Matisse, era un espectáculo muy gratificante el ver el sol ocultarse por un lado y por el otro ver las majestuosas líneas de tormenta que se avecinaban cual devorador de todo, ahí estaba yo y mi alma a la espera de un ser mitológico que para el mundo era una farsa y un viejo rumor pero para mí en ese preciso momento y para Kantouk era una atemorizante realidad.

Poco a poco el ruido del viento empezó a subir de tono, desde un agudo silbido a pasar al rugido de una locomotora de vapor como las que surcaban la Europa continental, encerrado solo en mi choza a la luz de un quinqué que se reusaba a ser jubilado, comencé a releer unos viejos papiros que los viejos de la comunidad me habían facilitado, aunque no tuvieran nada fuera de lo común como las tradiciones locales, hubo uno que me llamó la atención, era el dibujo de una especie de lobo con grandes colmillos y garras enormes, pero tenía la peculiaridad de que estaba parado sobre sus patas traseras, el detalle quizá si no tuviera a escala es que el hombrecillo dibujado era mucho menor que el lobo que habían representado, quizá un poco tarde para salir a preguntarle a alguien sobre la historia detrás del boceto, eran 50 metros los que me separaban de la choza de los patriarcas y la tormenta hubiera impedido que avanzara siquiera unos centímetros.

El ruido de la tormenta era como un murmullo rítmico hasta que se vio interrumpido por otro ruido, este era más bien un crujido, me asomé por la ventana para ver entre penumbras que la oficina donde se encontraba el sistema rudimentario pero efectivo telegráfico, su antena se había caído así como los postes que la comunicaban a los cables eran arrastrados como palillos al corazón de la tormenta para perderse en la penumbra.

Es decir, estaba realmente jodida mi situación, ahora sí totalmente incomunicado y con 3 días como mínimo de viaje en trineo al pueblo más cercano (no podría llamarle civilización a Kodiak, pero al menos su taberna era lo suficientemente pasable)

Unos golpes desesperados en la puerta de mi choza me habían despertado del letargo en el cual estaba sumido desde hacía 2 horas, me apuré a abrir no sin antes preguntar que quien era y qué era lo suficientemente importante como salir en medio de una tormenta e ir a otra choza— ¡Yo Gadia el operador del telégrafo, señor ábrame es urgente!

¿Pero qué ha pasado Gadia? —Señor allá en las sombras vi al monstruo, él fue quien arrastró los postes junto con los cables del telégrafo no fue por la tormenta, salí corriendo antes de que mi lugar se viniera abajo—Pero ¿qué es a lo que nos enfrentamos? ¿Realmente el imaginario Yeti estaba allá afuera esperándonos con sus feroces fauces dándonos la bienvenida a su particular reino del terror?

La gente de Kantouk no se quedaría a esperar como yo un simple viajero, no, ellos querían luchar contra eso que amenazaba a su ecosistema aquello de lo que vivían así que salieron en plena tormenta armados de escopetas, arpones y demás armas punzocortantes a la espera del monstruo.

Allá está la bestia gritó uno de los que estaban a la cabeza de la expedición—Por más que abría los ojos no podía vislumbrar a la bestia, de pronto pude ver su silueta demarcada por la negrura de la noche y la nieve, era muy alto y pude ver por escasos segundos unos ojos llenos de maldad, hacía allá se dirigía la expedición de hombres, eran unas 20 personas que se adentraron en la oscuridad de la noche, yo me quedé afuera de la oficina de telégrafos ayudando en la tarea de comunicarnos con el mundo, más bien uniendo cables, no era muy honorable, pero me mantenía útil, además no estaba acostumbrado a las altas temperaturas exteriores por eso no fui candidato a la expedición, otra cosa era mis conocimientos sobre armas de fuego en la frontera de lo nulo.

Pero nada de eso me impidió ver a través de los amplios ventanales de la oficina telegráfica lo que acontecía unos 50 metros más adelante, se vieron disparos de escopetas que iluminaban brevemente la noche, gritos que se ahogaban con el rugido de la tormenta, un enorme rugido de algo que nunca pude reconocer como si fuera un león feroz, poco después el silencio sepulcral, solo las ráfagas de viento cortaban mi respiración, estaba tan agitado que nunca supe donde dejé el hacha que llevaba entre manos, ni como recurso de defensa serviría si me encontrara de frente con la bestia, estaba totalmente paralizado de pensar el trágico destino de aquellos buenos hombres que salieron a defender su patrimonio, su familia; su todo.

Paramos de arreglar el telégrafo más por el pánico que nos causó el repentino silencio y nos dispusimos a ver que 50 metros más atrás, no había nada, solo la negrura de la noche.

3 días después 2 hombres de los 21 que habían partido a la caza de aquella cosa, solo 2 de ellos regresaron, mal heridos y uno de ellos delirante gritando que era la cosa más horripilante que había visto, esa cosa había matado y despedazado a sus amigos y compañeros.

El otro hombre aun más malherido pero que no deliraba me contó que lo que habían visto eran unas enormes zarpas saliendo de las sombras y que se habían llevado a sus amigos, entre la confusión de los disparos la zarpa en lugar de clavarse en sus carnes y cortarlo simplemente lo había aventado muy lejos perdiendo el conocimiento y el paso del tiempo.

Nunca pude ver a la bestia claramente, solo una enorme masa de un color blanco “sucio” que se recortaba en la oscuridad.

Como era un periodista investigador bastante novato para la época, metido en este embrollo, no pude recolectar más evidencias, las huellas habían sido borradas por la nieve y las heridas de aquellos dos hombres que habían regresado eran de una naturaleza desconocida en los animales de los alrededores, vamos que el depredador más grande era el zorro y quizá algún despistado oso de los bosques que nunca se atreverían a llegar hasta Kantouk, así que decidí regresar a la civilización con las manos vacías, solo con más preguntas de las que había llegado, era claro que algo había atacado esa noche y causado los muertos, solo uno sobrevivió por lo que supe antes de irme de Kantouk, pero también era claro que nadie sabía el motivo y qué era esa cosa que aterrorizó mucho tiempo después de mi partida.

Hoy 20 años después mientras el mundo se convulsiona con una guerra mundial, regreso a este pueblo, a Kantouk o más bien lo que quedó de él, pues debido a los ataques constantes de esta bestia o como le decían, el Yeti, fue abandonado por esas familias que conocí que se refugiaron en otras áreas más cercanas a los bosques, aquella choza pequeña donde me alojaron solo queda la estructura, el techo ya no está, la cabaña principal donde me entrevisté con la gente del pueblo ha dejado su sitio para una estación meteorológica solitaria, me comentó mi guía que solo es visitada cada 6 meses para checar los instrumentos científicos que ahí están y cosa curiosa, nunca ha sido atacada.

El guía me comentó que la bestia misteriosa no era sino un cazador de las estepas siberianas que en su afán loco por mantener su territorio de caza, se envolvía en una piel de oso polar que había conseguido en unos de sus viajes, así como de unas garras hechas artesanalmente con cuchillos y así perpetraba los ataques, el misterio se había resuelto 2 años después de mi partida o eso creyeron.

Aun no estoy seguro de si aquella bestia mitológica había cobrado vida de la mano de este cazador loco pues vi hombres volar varios metros, entrevisté a personas que aseguraron no era algo conocido, pero yo sin pruebas fehacientes, poco podría hacer ante la comunidad científica, mi carrera se hubiera hundido más rápido que el  trasatlántico Olympia.

Sin embargo, ahí está la duda que aun espera en el Himalaya a todo aquel que se atreva a ir por los alrededores del ahora pueblo fantasma de Kantouk.

FIN

Anuncios

Deja un comentario o una idea

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s