Publicado en Cuentos y Relatos, En la opinión de...

Calisto


137.-

¨Hice a Calisto un día muy caluroso, solo es un fragmento no desarrollado, como los muchos que tengo, oficialmente solo tengo a Nereida como novela de corte romántico y al Capitán Marejada como novela de corte marítimo como mis únicos frentes oficiales, Nereida comenzó como un homenaje a alguien y pretendía ser biográfica, cosas de la vida (meh) solo conservó el título y la esencia del personaje femenino, de ahí me fui con vía libre sin nada de mi vida personal ahí y al Capitán Marejada que yo quería retratar de una manera de mezclar aventuras con rigor de la época resulta que le di un inicio muy biográfico, eso sí, pasado por el tamiz de cambio de nombres y lugares (no vayan a enojarse conmigo, hay muchos en la fila) sin más les dejo a Calisto, es solo un párrafo nacido de la necesidad de matar el tiempo ya que lo hice en 20 minutos de tedio, pero con miras a expandirlo, previo al día del libro y los derechos de autor.

CalistO

 

 

Demasiado calor hace aquí, demasiada oscuridad me desorienta, ni siquiera puedo distinguir qué es lo que estoy oliendo, es como un olor acre, tan fuerte que es capaz de marearme, no veo mis manos en esta oscuridad, no alcanzo a distinguir nada es como si estuviera en un hoyo negro infinito; mis sentidos se confunden, a veces oigo lo latidos de mi corazón pero sé que es mi miedo el que me hace sentir el bombeo de la sangre agolpándose en mi cabeza., no sé qué sea eso que está más allá de mi horizonte…

Trabajo en la perforación de un agujero que debe conducir a unos 12 kilómetros hacia las profundidades de la Tierra, mi nombre es Calisto y soy de una pequeña población de las que una vez fueron consideradas tierras soviéticas, hoy sé que soy rusa o bueno; es lo que me han querido decir, soy ayudante de grúa y broca del taladro principal de diamantes sintéticos que es el encargado de atravesar las rocas, me embarqué en esta misión de un modo peculiar…

Yo tenía 23 años recién salida de la universidad de Moscú sabía que mi trabajo en el área de metalurgia iba a ser difícil de encontrar y más con la situación laboral de Rusia que tenemos pero nunca dejé de tener esperanzas de que algo iba a salir de ahí, llevaba 5 meses que había salido de la carrera y aun no encontraba trabajo; bueno sí, pero ayudar al viejo Boris en sus labores de desempolvar sus viejos libros no calificaba como trabajo real; Boris es un señor bastante simpático de unos 80 años, según me cuenta fue un intrépido aventuro que se la pasó mucho tiempo en los barcos que iban hacia el polo norte, de ahí calificó como un rudo lugarteniente de la policía y al final antes de retirarse le dio por ser un ermitaño, pero no de aquellos que odiaban al mundo, sino por decisión propia y tenía su razón de ser.

Su vasta colección de libros sobre todo tipo de temas era impresionantes, dedicó 2 de los 3 cuartos de su departamento para almacenarlos y aparte estaba el estudio, el enorme estudio adornado con maderas finas y alguno que otro vino embotellado con años de añejamiento; bueno Boris me conocía más que nada porque he sido su vecina desde que mis padres nos trajeron a vivir acá, desde que yo tenía 5 años he conocido al buen Boris que vive solo desde que su esposa había fallecido unos 6 años tras, sus hijos lo visitan muy a menudo pero vivían a las afueras de Moscú y no representaban un hito en la vida de aquel viejo que gustaba de leer la sección de espectáculos del periódico, aquel que compraba con su amigo de varios años Andrei quien sabía que entre las 7 y 8 de la mañana el viejo Boris salía caminando de su departamento.

El viejo Boris y yo nos conocimos gracias a la enfermera que lo cuidaba de vez en cuando, ella era tía de uno de mis compañeros de la universidad y en ese entonces buscaba una ayudante para su desordenada biblioteca yo me ofrecí, dinero es dinero y no pocos egresados se veían en la necesidad de ir a trabajos pocos remunerados, bueno al final acabé ayudando al viejo Boris a acomodar libros quizá el doble de viejos que él, algunos tan amarillentos y roídos por el tiempo que eran delicados de manipular, de entre esos, destacaba uno, más grande de lo habitual, adornado profusamente con vivos en azul y tonos dorados.

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