Publicado en Cuentos y Relatos, Personajes

Un cuento especial


¿Por qué no escribes? Un cuento diferente

Este cuento es ficticio en su mayor parte y es una especie de homenaje al Escritor de Pacotilla, seudónimo que me acompañó durante más de 15 años pero por situaciones ajenas tuvo que ser borrado de redes sociales quedando solo un resquicio de él y justo este blog ¿volverá? Es de dudarse esta vez que regrese pero la capacidad de escribir y crear está intacta y esta siempre será su casa.

Prólogo

Una noche cualquiera de otoño, bueno no era una noche cualquiera me encontraba en mi primer día de vacaciones en la playa de alguna ciudad turística del sureste y el viento fresco se prestaba a estar en el balcón de mi habitación que daba a la piscina principal de este hotel pequeño pero confortable, ahí me puse a pensar los años que tenía sin haber pensado en escribir algo interesante quizá una pequeña historia que me gustará y que nunca había terminado, ahí estaba sentado en una cómoda silla me había dado cuenta que había pasado de ser un prometedor escritor que era asediado por grandes editoriales a ser un trabajador normal con mucho de común y corriente o quizá no era así pero la rutina me estaba matando lentamente.

Decidí salir al pasillo sin ningún pensamiento en mente, eran las 8 p.m. de un sábado cualquiera así que con un andar muy pausado bajé las escaleras y me dirigí a la piscina esta estaba vacía a lo lejos podía oír la razón a 3 cuadras estaba una calle llena de antros y bares quizá era buena idea ir a tomarme un trago a cuenta pero no quise esta vez y heme ahí solo a punto de tomar un baño cuando me di vuelta y pude ver un conglomerado de personas entrando al lobby del hotel, eran muchas pero podía reconocer perfectamente a una reportera de castaña cabellera y tez clara, Sandra Díaz  yo la había conocido en circunstancias diferentes a las de ahora, de hecho en una acalorada discusión sobre política y recursos naturales, necio y políticamente incorrecto como siempre lo había sido logré enfurecer a Sandra de quien pensé me había retirado su palabra pero no, allá a unos 30 metros de distancia volteó a ver a la piscina y ahí vio mi figura que había pasado mejores momentos pero que era perfectamente reconocible por mi camisa hawaiana de color naranja con flores mientras en una mano tenía un vaso de whiskey está de más decir que no era una estampa muy favorable para mí, siendo sincero yo era un desastre de persona pero al menos era yo.

Sandra se acercó a donde me encontraba y me dijo que una importante estrella de películas de acción estaba por hospedarse en mi hotel, mi cara de indiferencia le haría saber que me importaba un cuerno si se hospedaba incluso la reina de Inglaterra yo solo quería unas vacaciones apacibles lejos del estrés de mi trabajo rutinario y con mi poca amabilidad y aspecto huraño pensé que Sandra se retiraría pero no seguía ahí preguntándome qué había sido de mi vida después de conocernos; ¡ah olvidé algo! Habían pasado cerca de 8 años desde aquella discusión un sinsentido ahora que lo pienso pero no por eso dejaría de saborear mi vaso de whiskey mientras recordaba los amigos que conservaba y los que había perdido con el tiempo y las circunstancias, en el fondo ninguno era malo, la misma maldita vida los había cambiado, ese era mi problema yo no cambié solo evolucioné y llegó el día en que estaba muchos pasos adelante y no me di cuenta.

El alboroto seguía en el lobby del hotel y me parecía raro ya que no era un resort de súper lujo sino un confortable hotel de 4 estrellas que había escogido precisamente por lo apacible y lejos de las calles bulliciosas…bueno eso pensé, ahí tenía enfrente de mi a una mujer con una gran cabellera ondulante al viento y singular alegría quien me platicó que comenzó a trabajar como reportera para un importante periódico de Ciudad Central y que incluso había ganado importantes premios pero que esta vez era una enviada especial para entrevistar a un actor de cine, seguía yo con mi indiferencia y en cierta forma Sandra venía a ofrecerme un tema diferente a lo que tenía planeado para esa noche, estar en la alberca y después ir a dormir a mi habitación Sandra estaba trabajando así que regresó a donde estaban los demás reporteros y fotógrafos así que decidí regresar a mi habitación era lo más sensato que se me había pasado en toda la noche.

No habían pasado más de 1 hora cuando recibí una llamada a mi teléfono, era Sandra preguntando si había visto pasar a la estrella de cine cerca a lo cual le dije que no, que vi a muchas personas pero no a nadie que pudiera reconocer y menos a una estrella de cine, tampoco le dije que la última vez que fui al cine fue hace 3 años…estaba equivocado empecé a recordar a quienes había visto en el pasillo de regreso a mi habitación y vi una cara que ahora se me hacía conocida, más avejentada y con menos cabello pero ahí estaba vívidamente metida en mi mente y le dije a Sandra que me esperara en el lobby del hotel que iba a bajar en 15 minutos, estaba por demás decir que esta vez tenía que estar más presentable para ella.

Entre notas de escritos que nunca pude terminar pero que llevaba en mis viajes a todas partes, entre todo ese alboroto de hojas y notas sueltas desperdigadas por el escritorio de la habitación ahí me puse a escribir y…no pude más allá de 1 párrafo, no era un bloqueo de escritor ya tenía cerca de 4 años sin escribir nada culpa era también de un trabajo que si bien no era difícil era muy tedioso y repetitivo y lo peor es que era muy bueno y cotizado eso es el acabose de cualquier persona creativa o que aspire a serlo.

 

Iba a ser un gran escritor pero me lastimé la rodilla

Solté las hojas que llevaba con borradores sin terminar y encendí mi laptop era mejor mi mecanografía que mi escritura que era sumamente parecida a la letra de un doctor así que como pude recordé que faltaban 5 minutos para bajar a encontrarme con Sandra y decirle con quien me había encontrado, era algo que ella sabía pero lo que no sabía era lo siguiente.

Pasaron 7 minutos los conté minuciosamente  y bajé apresuradamente las escaleras para llegar a un lobby de hotel bastante vacío ya no estaba atiborrado de personas pero ahí en un rincón sentada en un colorido sofá naranja estaba ella a la cual me dirigí y le dije que teníamos que hablar, con paso ligero y firme fuimos directo al restaurante más cercano.

¿Sabes hablar inglés? Le pregunté a Sandra “Tan fluido como un neoyorquino a las afueras del monumento a Washington” (O sea, ella no era buena en geografía, eso era evidente) fue su respuesta rápida así que le dije mira yo sé cómo podemos tener tu entrevista en exclusiva y sé por quién viniste, ¿es Jean Claude Van Damme verdad? Bueno hace unos años para ser preciso 15 años le escribí una carta de admiración a su club de fans, me gustaban sus películas pero lo que no pude predecir fue que esa carta se hizo viral antes de que la palabra viral fuera famosa así que mi carta pasó del club directamente a sus manos traducida y él mismo me contestó un par de meses después vía un videocasete en VHS que su mismo club de fans me envió, cinta que había perdido entre la mudanza hacia mi cuarto de universidad pero esa era otra historia, ahí justo a unos metros tenía a mi antiguo ídolo de películas de acción ya muy avejentado.

El restaurante del hotel tenía vistas hacía el patio principal y ahí cenando en una de las mesas más alejadas estaba Jean Claude Van Damme en persona y acercándose a paso apresurado sí, Sandra quien no desaprovechó la oportunidad para entrevistarlo pero no era lo que yo quería así que me le acerqué a ella aún más rápido y le dije que necesitaba su ayuda para con aquél veterano actor y sí podía decirle que yo era aquél chico que le envió una carta muy famosa al principio pensó que le íbamos a pedir un autógrafo a lo cual iba a acceder muy amablemente, luego pensó que iba a ser entrevistado (la grabadora de Sandra era demasiado obvia) a lo cual mediante su acompañante, una rubia mexicana despampanante nos hizo saber que estaban cenando (capitán obvio ha venido muy seguido en este texto) y estaba muy agotado como para dar entrevistas pero cambió de parecer ante las palabras que le dije a Sandra que dijera junto con mi presentación con mi nombre.

En efecto Jean Claude me reconoció muchos años después de ese evento que marcó mi infancia y en un español muy deficiente me dijo ¡Escribe! ¡Escribe amigo! No dejes de escribir que tienes un don especial fue lo que le dijo a su traductora que me dijera tras lo cual me dio una palmadita en el hombro y prosiguió cenando.

Poco tomé atención al veterano actor de cine de acción  y a las dos bellas mujeres; poco después de que me dijeran estas palabras que callaron mucho en mi ser  me dije que algo tenía que hacer ante la falta de creatividad, como pude me despedí no sin antes tomarnos una foto y dejarlo cenar, Sandra me vio entre preocupado y ansioso y una vez tomó una fotografía de rigor para su trabajo.

Ahí fue cuando se me ocurrió la idea de escribir una novela ambientada en lo cotidiano, hacer de cualquier idea una trama y plasmarla, poco importaba Juan Claudio y…cambié de parecer súbitamente pues Sandra debía importarme más, tenía muy poco de haberla vuelto a ver e indirectamente era culpable de mi encuentro con Van Damme, me despedí de Sandra media hora después y me dirigí a mi habitación, tenía una idea en mente una gran idea con piratas y bellas mujeres que no reaccionaban ante nada pero caí en cuenta que tenía que tener mi vida personal primero ya habían pasado 3 minutos  y bajé al lobby mi paso presuroso me llevó hasta Sandra quien apenas estaba por abandonar las instalaciones y le dije que qué iba a hacer el día de mañana en la ciudad y si estaba libre bien podíamos ir a comer o pasear por la ciudad.

Pues sí estimados lectores decidí centrarme en mi vida personal y dejar las historias para cuando las tuviera listas y para quien quisiera leerlas que no siempre iba a ser el gran público, Van Damme me dio la razón y pudo haber sido otra persona pero todo se conjugó, una antigua rival de debates, mi estrella de acción favorita de la infancia y una ciudad paradisíaca al sureste de un hermoso país.

Con el paso del tiempo invité a Sandra a una velada romántica a la luz de la luna en una ciudad llamada Playa del Carmen en el sureste de México que de hecho era la misma ciudad en la que nos reencontramos y con eso decidí asentarme ya que sabía que estaba ante la persona correcta para poder anclar mi destino.

Al final me casé con Sandra la hiperactiva reportera y entusiasta nadadora, tuvimos dos hijos, gemelos por cierto, me compré una casa mediana con un gran patio, una camioneta y tenemos dos perros y un gato y sí sigo trabajando en una modesta oficina para pagar la generosa hipoteca a 20 años pero también cual Rudyard Kipling uno de sus escritores favoritos, (sí mis estimados lectores para formarse como escritor primero hay que leer mucho) también escribo historias de marinos valerosos y lugares exóticos teniendo por paisaje una ventana cerrada, mis hijos son a quienes antes de dormir les cuento las aventuras del Capitán Marejada en los mares infestados de piratas.

Y regresando al título que da pie a este escrito corto ¿Por qué no escribo? Sí escribo y seguiré haciéndolo a lo largo de mi vida pero también debo dar cabida a muchas más cosas en mi vida personal.

Epílogo final

No sin muchas dificultades nuestro protagonista aficionado a camisas coloridas logró salirse de aquella anodina oficina y logró vender su obra a una casa editorial, aquella novela que pululaba en su mente con piratas y valerosos personajes acabó siendo un best-seller mundial uno de los muchos que siguieron en su futuro como su novela de ciencia ficción épica “Polaris en el mundo del mañana” lo cual le permitió seguir viajando a tierras exóticas pero esta vez las aventuras vivirlas junto a su familia y no junto a una solitaria alberca con un vaso de ron en la mano.

Fin del Escritor de Pacotilla.

13 Febrero de 1994-16 de Octubre de 2015

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