Publicado en Cinema a la carta

Ulises y Eva


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Ulises y Eva

Hace muchos años en un pequeño pueblo costero habitado por 350 personas de hábitos sencillos, había un pequeño barrio con casas de tejas francesas color rojo y paredes en su mayoría pintadas de blanco en una esquina de ellas a la bajada de una suave colina estaba una pintoresca barbería que era atendida por don Jaime un señor de unos 40 años que hizo de su oficio su vida ya que era lo único que sabía hacer y lo hacía con tal gusto que muy temprano en las mañanas a las 6:30 se le veía muy contento barrer la entrada a su local justo después de él llegaba su ayudante un jovencito de unos 13 años que llegó por recomendación de su padre para que en vacaciones escolares fuera a trabajar con don Jaime ese joven era Ulises un muchacho ágil y dispuesto a trabajar barriendo y limpiando el local por una pequeña cantidad de dinero que gustoso ahorraba para comprarse zapatos nuevos qué llevar de regreso a clases.

Pasaron unos años y Ulises empezó a trabajar más tiempo en la barbería y poco a poco se ganó la confianza de don Jaime y comenzó a ser su aprendiz, uno que aprendía muy rápido y que pasó a llegar y abrir el local y preparar todo para la llegada de don Jaime que cada día se hacía más avejentado pese a las ganas que tenía, el trabajo seguía pues cercano a la población estaba un puerto pesquero más grande que atraía a obreros que hartos de pagar rentas muy caras encontraban en la población de don Jaime el remanso ideal para descansar y también usar sus servicios.

Ulises ya tenía 22 años y ahora era el encargado principal de la barbería que a veces no tenía muchos clientes en aquél verano de 1943 el local no era muy grande pero estaba limpio y con la navaja, cepillo y todos sus accesorios don Jaime vivía en una casa al lado en la parte alta de una escalera de piedra pintada de blanco habitaba tanto don Jaime como la familia de Ulises que vivían en un cuarto grande con 2 recámaras y a la vez esto daba a un enorme patio en aquél edificio que heredó el padre de Ulises don Hermenegildo, de las rentas de los otros 4 cuartos es que se mantenían.

A unas 3 cuadras de donde estaba Ulises había una pintoresca casita de 2 aguas pintada en vivos colores ahí habitaba el sastre de la localidad, don Severino, su esposa Agnes y su hija Eva de 19 años, Eva tenía largos cabellos color castaño claro y una sonrisa cautivadora e inocente, Ulises la miraba de soslayo cada que pasaba con su madre en dirección al mercado de la localidad pero no sabía siquiera su nombre hasta que un día de otoño don Jaime salió a la entrada del local y se topó con doña Agnes a la cual saludó efusivamente y le dijo que no había estado en su local por encontrarse algo desvaído, cabizbajo y poco dado a tomar el elíxir de aguamiel con su esposo, pero que quien se había quedado a cargo tanto de barbería como de la pequeña tienda de abarrotes era el joven y fuerte, valeroso y …ok exageré, pero bueno presentó a Ulises con doña Agnes y también con Eva quien ese día llevaba un largo vestido floreado.

Unos días después por la tarde Ulises se encontraba cortando la barba a un cliente cuando vio pasar a Eva, no tardó mucho en dejar al cliente lleno de crema de rasurar y salir a la calle, ahí se encontró con Eva quien lo saludó efusivamente, Eva no pasaba a diario pero sí lo hacía en un horario determinado por la tarde así que esos días eran los que esperaba Ulises.

Eva provenía de una familia normal donde el padre era dueño de 4 carretas con los cuales llevaba carga a varios lados por las polvorientas calles y caminos del poblado, con sus empleados lograba tener un negocio pequeño pero rentable que les permitía tener solvencia económica si bien no eran de amplías miras en cuanto a dinero y ahí estaba Eva hija única del matrimonio quien a sus 19 años había dejado la escuela y se estaba preparando para estudiar para secretaria en la gran ciudad pero ese verano había enfermado de alguna gripe desconocida y sus padres decidieron que era lo mejor para su salud quedarse en casa.

Un par de meses, 2 cenas a escondidas, alguna que otra flor arrancada del patio del vecino después Ulises decidió expresarle a Eva su sentir, su corazón latía y se sacudía cual gramófono descompuesto para eso la citó en una parte alejada del parque principal que estaba coronado por un kiosco el cual albergaba a niños que jugaban alegremente ajenos a todo.

Nunca se supieron las palabras de Eva pero poco a Ulises se fue tornando más taciturno y melancólico, no había lugar a duda que la respuesta fue negativa uno se diría pero no; Ulises había logrado que Eva fuera su novia solo que había una condición que un tiempo después el pueblo se enteró; la condición de Eva para casarse con Ulises con aquél barbero de humildes orígenes fue que tendría que esperar a que el padre de Eva falleciera y que solo así podría tomarle en serio.

Pasaron los meses y Eva cada tarde saliendo del trabajo que le había conseguido su madre como secretaria de un importante empresario hotelero, cada tarde pasaba por donde Ulises quien ya estaba presto a cerrar el local con la avenencia de su protector don Jaime quien para esos tiempos ya no podía ir al negocio y se quedaba a darle de comer a los pájaros en su patio, así salían a comer un helado mientras veían pasar cada vez más y más vehículos por su hasta entonces tranquilo pueblo con tantas bicicletas y caballos como habitantes en ese verano de 1946 posterior a la gran guerra mundial se respiraban aires de bonanza económica.

Pasaron los años y aquella tranquila población de casas de tejados de dos aguas y calles sin pavimentar se convirtieron en una activa ciudad costera, el barrio donde vivían los eternos novios seguía ahí como suspendido en el tiempo, rodeado de edificaciones modernas y trabajadores quienes vestían trajes y comían en restaurantes caros en la periferia de la ciudad, ahí justo entre varios edificios había una esquina con una casa con escalera de piedra pintada antaño de blanco y hoy con partes sin pintar, debajo estaba la sempiterna barbería de Ulises aún en funcionamiento quien como cada mañana de la semana laboral se levantaba y abría su negocio cada vez con menos clientes pero ahí estaba esperando las tardes pero esa vez fue diferente, muy diferente.

Eva se había retrasado ese día algo que preocupó a Ulises que en un momento raro cerró 1 hora antes su barbería después de todo casi nadie iba, corrió presuroso hasta la casa de Eva y ahí la encontró en medio de una multitud, el padre de ella había fallecido, el sentimiento era encontrado, por fin podría casarse con su amada Eva pero también apreciaba mucho al anciano quien había fallecido el 22 de Marzo de 1996, sí 50 años después de la promesa de amor fue que el barrio viejo tuvo una boda muy singular y celebrada por toda la ciudad con un Ulises que cumplió su promesa y se casó con su amada Eva, ella de 69 años y él de 72.

Fin

 

 

 

 

 

 

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Un comentario sobre “Ulises y Eva

  1. Dulce final, queda la moraleja que no importante era la boda, sino el amor que perduró durante toda la vida de ambos, siendo el amor el único sentimiento que resume la existencia de nuestras almas.

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